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Lo que el río se llevó …

Una mujer sonriente y dispuesta para quien la familia constituye la piedra angular de su vida. Hace 19 años Patricia se pone la camiseta de Susuerte y lo hace desbordante de actitud y compromiso, con una lealtad que es primero hacia su ser.

Patricia ha comprendido durante todos estos años -sin proponérselo y sin siquiera expresarlo en voz alta- que ser excelente en lo que hace le brinda la felicidad y la satisfacción de sentirse íntegra: como persona, como trabajadora y con sus clientes. Sin pretensión alguna nos cuenta que muchos de ellos van hasta donde ella esté y ha pasado en su ciudad natal, La Dorada, por Puntos de Venta como La Policarpa, Renán Barco, Avenida de los Estudiantes, Los Alpes, El Estadio, La 17, La Garantía, La Rápido Tolima y El Cafetero.

     Con maña, astucia y mucho estilo -como es característico de todas las vendedoras que se apasionan por lo que hacen- sabe ganarse, inclusive, a los clientes no apostadores: “Tengo un cuaderno donde voy anotando todos los resultados de las loterías oficiales, entonces le digo a los clientes, este número hace 50 sorteos no cae o este número lo botó la Lotería de Boyacá en tal fecha, puede que vuelva y se repita ahora, o por ejemplo números que juegan mucho, como el 3350 al que le insisten mucho el sábado”.

      Su numerología ha tenido efecto, recuerda que en El Policarpa vendió un chance de 50 millones y una tómbola de 10. También vendió una tómbola estudiantil de 36 millones a un vecino muy humilde de su cuadra: “El muchacho me dio propina y me dijo, con esa plata que le voy a regalar, cuando salga a vacaciones se va a pasear, pero no la vaya a utilizar para otra cosa y así fue, con eso me fui a conocer San Andrés”. Ella afirma que le gusta mucho vender y estar con la gente: “A los no apostadores los entusiasmo diciéndoles que apuesten a los “Números Mortales”, que son números que yo misma saco haciendo estadística, o que los busco en la guía o pienso que son buenos”.

Su hogar

          En la casa de Patricia, ubicada a 20 metros del río Magdalena, viven 8 personas: su mamá y su hija, su hermano con la hija y un sobrino con la esposa y su niña. “Somos una familia feliz y vivimos muy en paz. Aquí no se oyen discusiones, ni griterías, ni nada, nuestra casa es humilde, pero vivimos felices y unidos”. Patricia es una de las tantas madres cabeza de familia que componen nuestra empresa y han sacado adelante a sus hijos con esfuerzo y dedicación, actualmente su hijo mayor tiene 28 años y su hija 10.

           La familia de Patricia perdió su casa durante una ola invernal en el año 2011. El río Magdalena es tan ancho que por lo menos va dando aviso para realizar la evacuación pues crece lentamente, pero sin pausa: “Cuando el río empieza a subir por las escaleras que están a la orilla, uno dice: faltan 10, faltan 8, pero cuando llegó a su nivel máximo en 2011, recuerdo que le dije a mi mamá, esto es grave”.

          Con la ayuda de su familia y todo el barrio, intentaron poner barricadas para proteger las estructuras de sus casas, pero los elementos de la naturaleza siempre nos muestran cuán frágiles somos ante ellos: “Empezamos a cargar bultos de arena, pero cuando lo cogí y me metí hacia la parte de atrás, me hundí hasta la cintura porque el terreno estaba como arena movediza, entonces le dije a mi mamá: aquí no hay nada que hacer, esto ahora mismo lo tumba el río”. Y en efecto, mientras su hijo y su sobrino terminaban de sacar sus pertenencias, la casa se les desplomó totalmente, afortunadamente ninguno sufrió heridas.

             En las dos últimas décadas, el municipio de La Dorada ha sufrido inundaciones en el 2008, 2011 y 2017. La del 2011 fue la más severa que se recuerde. Su familia debió vivir dividida más de 4 meses hasta que Planeación les volvió a dar el permiso para hacer la construcción de su casa: “La Alcaldía nos dio un subsidio de arrendamiento por 3 meses, mientras eso la empresa estuvo insistiendo mucho en el permiso: que planeación viniera y midiera y así poder darnos el auxilio para la construcción de la vivienda, porque sin ese permiso no se podía hacer nada, imagínese que eso fue como en abril y el permiso lo dieron en julio del 2011.

           Debieron esperar todo ese tiempo hasta que el terreno volviera a ponerse sólido, “Ya en julio empezamos a limpiar con todos los vecinos y a recoger escombros”. Y en septiembre de 2011 como tal, se inició la construcción de su nuevo hogar. Un hogar que fue levantado desde cero por Susuerte: “El auxilio para hacer la construcción de la casa me lo dio la empresa, absolutamente todo: cada ladrillo, el cemento, el revoque, cada teja, cada tirante, el piso alisado (…) todo eso lo hizo la empresa…todo, todo… y como si fuera poco, contrató el maestro para hacer la construcción, o sea, ellos se encargaron de todo”.

¿Qué se siente perder un hogar bajo esas circunstancias y qué se siente recuperarlo así?

         “Pues al principio cuando vi que todo estaba en el suelo, mucha tristeza, pero le di gracias a Dios porque todos estábamos bien y eso es lo más importante, porque lo material se consigue…  pero también con tanto esfuerzo y tanto sacrificio tiene uno las cosas y que de un momento a otros se acaba todo es duro, es triste. Pero dicen que suceden cosas malas para que lleguen las buenas, cuando me enteré que la empresa nos iba a regalar el auxilio para hacer la construcción de la casa les di muchas gracias y muchas bendiciones por eso tan maravilloso que habían hecho con nosotros. Uno agradece inmensamente porque no es la obligación, ¿cierto?, hubieran podido decirme, le regalamos las tejas, o las puertas, pero la empresa nos lo dio todo”.

           La entrega de Patricia es admirable y se refleja en su carácter. Es una persona animada y fuerte, a sus 48 años sabe que le faltan más de 10 años para jubilarse, pero ella le pone toda la actitud: “Me siento muy bien gracias a Dios, me siento con energía, con muchas fuerzas, dándole gracias todos los días”. Patricia tiene la clave de la felicidad en sus manos: el agradecimiento. Ella valora su salud, sus capacidades y su familia: “Tengo a mi mamá, a mi hija y mi hijo, a toda mi familia, estamos bien, Dios nos ha dado muchas oportunidades y nos seguirá dando muchas más, le doy gracias a mi empresa y a mí trabajo porque gracias a él he podido sostener a mi familia”.

Usted qué piensa, ¿qué es lo más importante que uno pueda tener en la vida?

        La familia, el hogar, para qué plata si no tiene tranquilidad y no tiene familia, uno tiene que estar es unido, si uno está unido con la familia es muy difícil que se acabe todo. Uno esto lo consigue, lo material, pero el hogar y los hijos son una bendición que no se compra con plata”.